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La Didajé fue escrito entre los años 65 y 80, se perdió en el tiempo, y fue hasta el año 1873 que lo encontraron de nuevo, en Macedonia. Fue impreso en 1883, cerca de Constantinopla. Es considerado como el documento cristiano más antiguo. Este es el texto completo:
CAPITULO 1
1:1 Hay dos caminos,
el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia que hay entre estos
dos caminos.
1:2 El camino de la
vida es éste: Amarás en primer lugar a Dios que te ha creado, y en segundo
lugar a tu prójimo como a ti mismo. Todo lo que no quieres que se haga contigo,
no lo hagas tú a otro.
1:3 Y de estos
preceptos la enseñanza es ésta: Bendecid a los que os maldicen y rogad por
vuestros enemigos, y ayunad por los que os persiguen. Porque ¿qué gracia hay en
que améis a los que os aman? ¿No hacen esto también los gentiles? Vosotros amad
a los que os odian, y no tengáis enemigos.
1:4 Apártate de los
deseos carnales. Si alguno te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele
la izquierda, y serás perfecto. Si alguien te fuerza a ir con él durante una
milla, acompáñale dos. Si alguien te quita el manto, dale también la túnica. Si
alguien te quita lo tuyo, no se lo reclames.
1:5 A todo el que te
pida, dale y no le reclames nada, pues el Padre quiere que se dé a todos de sus
propios dones. Bienaventurado el que da conforme a este mandamiento, pues éste
es inocente. ¡Ay del que recibe! Si recibe porque tiene necesidad, será
inocente; pero si recibe sin tener necesidad, tendrá que dar cuenta de por qué
recibió y para qué: puesto en prisión, se le examinará sobre lo que hizo, y no
saldrá hasta que no devuelva el último cuadrante.
1:6 También está dicho
acerca de esto: que tu limosna sude en tus manos hasta que sepas a quién
das.
CAPITULO 2
2:1. El segundo
mandamiento de la Enseñanza es éste.
2:2 No matarás, no
adulterarás, no corromperás a los menores, no fornicarás, no robarás, no
practicarás la magia o la hechicería, no matarás el hijo en el seno materno, ni
quitarás la vida al recién nacido. No codiciarás los bienes del prójimo.
2:3 No perjurarás, no
darás falso testimonio. No calumniarás ni guardarás rencor.
2:4 No serás doble de
mente o de lengua, pues la doblez es lazo de muerte.
2:5 Tu palabra no será
mentirosa ni vana, sino que la cumplirás por las obras.
2:6 No serás avaro, ni
rapaz, ni hipócrita, ni malvado, ni soberbio. No serás codicioso, o hipócrita,
o malicioso ni orgulloso, no escucharás consejos maliciosos contra el
prójimo.
2:7 No tramarás planes
malvados contra tu prójimo. No odiarás a hombre alguno, sino que a unos los
convencerás, por otros rogarás, a otros los amarás más que a tu propia alma.
CAPITULO 3
3:1 Hijo mío, aléjate
de todo lo que es malo, y de todo lo que se le parezca.
3:2 No te irrites,
porque la furia lleva al asesinato. No seas celoso, querelloso, de temperamento
rápido, pues todo esto lleva a matar.
3:3 Hijo mío, no seas
carnal, porque la carne lleva a la fornicación, no seas un hablador sucio, no
te vanaglories mucho, porque de todas estas cosas sale el adulterio.
3:4 Hijo mío, no seas
un observador de presagios o agüeros, no seas un hechicero, ni astrólogo, ni
purificador, ni desees ver estas cosas, porque de todo esto nace la
idolatría.
3:5 Hijo mío, no seas
mentiroso, la mentira lleva al robo, no seas codicioso o engreído, de todas
estas cosas surge el robo.
3:6 Hijo mío, no seas
un murmurador, ya que lleva a la blasfemia, no seas de mente enferma o voluntad
egoísta, porque de todo esto nacen las blasfemias. 3:7 Mas bien sé manso,
porque los mansos heredarán la tierra;
3:8 Se sin embargo
generoso, ten compasión, no hagas daño, se pacífico, y bueno, y ten temor
siempre de las palabras que has escuchado.
3:9 No te exaltarás a
ti mismo, ni darás demasiada confidencia a tu alma. Tu alma no se debe unir con
las engreídas, sino que debe caminar con las almas justas y humildes.
3:10 Acepta todo lo
que te pasa como bueno, sabiendo que sin Dios nada pasa.
CAPITULO 4
4:1 Hijo mío, te
acordarás de día y de noche del que te habla la palabra de Dios, y le honrarás
como al Señor porque donde se anuncia la majestad del Señor, allí está el
Señor.
4:2 Buscarás cada día
los rostros de los santos, para hallar descanso en sus palabras.
4:3 No harás cisma,
sino que pondrás paz entre los que pelean. Juzgarás rectamente, y no harás
distinción de personas para reprender las faltas.
4:4 No andarás con
alma dudosa de si sucederá o no sucederá.
4:5 No seas de los que
extienden la mano para recibir, pero la retiran para dar.
4:6 Si adquieres algo
por el trabajo de tus manos, da de ello como rescate de tus pecados.
4:7 No vaciles en dar,
ni murmurarás mientras das, pues has de saber quién es el buen recompensador de
tu limosna.
4:8 No rechazarás al
necesitado, sino que tendrás todas las cosas en común con tu hermano, sin decir
que nada es tuyo propio; pues si os son comunes los bienes inmortales, cuánto
más los mortales.
4:9 Tu mano no se
levantará de tu hijo o de tu hija, sino que les enseñarás desde su juventud el
temor de Dios.
4:10 No mandarás con
aspereza a tu esclavo o a tu esclava que esperan en el mismo Dios que tú, no
sea que dejen de temer a Dios que está sobre unos y otros... porque El viene no
a llamar de acuerdo a las apariencias, sino a lo que el Espíritu ha
preparado.
4:11 Vosotros, los
esclavos, someteos a vuestros señores como a imagen de Dios con reverencia y
temor...
4:12 Odiarás la
hipocresía y todo lo que no es grato a Dios.
4:13 No abandonarás
los mandamientos del Señor, sino guardad lo que has recibido, sin agregarle o
quitarle;
4:14 En la Iglesia
confesarás tus pecados, y no te acercarás a la oración con mala conciencia.
Este es el camino de la vida
CAPITULO 5
5:1 El camino de la
muerte es éste. Primero de todo, es maligno, y lleno de maldiciones, se
encuentran asesinatos, adulterios, concupiscencia, fornicación, robos,
idolatrías, brujerías, orgullo, malicia, engreimiento, mal hablados, celos,
audacia, orgullo, arrogancia.
5:2 Hay aquellos que
acosan al bueno-amantes de la mentira, no conocen la recompensa de la rectitud,
no se acercan al juicio bueno y correcto, no miran por lo bueno sino que por lo
malo, de quienes la humildad y paciencia están lejos, amando cosas que son
vanas, buscando recompensas, no teniendo compasión del necesitado, no
trabajando por el que está en problemas, no conociendo al que los hizo,
asesinos de niños, corruptores de la imagen de Dios, quienes se alejan de los
necesitados y los oprimen más en sus problemas, jueces injustos de los pobres,
errando en todas las cosas. De todo esto, hijos, sean librados.
CAPITULO 6
6:1 Ve que nadie te
impulse a errar de este camino de la doctrina, porque te aparta de Dios.
6:2 Si tú eres capaz
de soportar el yunque del Señor, serás perfecto; pero si no eres capaz, haz lo
que seas capaz.
6:3 Referente a la
comida, soporta lo que seas capaz, pero ten cuidado con las cosas ofrecidas
como sacrificios a los ídolos, porque es el servicio de dioses infernales.
CAPITULO 7
7:1 Y referente al
bautismo, bautiza de este modo: habiendo recitado estos preceptos, bautiza en
el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva;
7:2 Pero si no tienes
agua corriendo, bautiza en otra agua, y si no puedes bautizar en agua fría,
hazlo con agua tibia;
7:3 Pero si no tienes
ninguna, echa agua tres veces sobre la cabeza, en el nombre del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo.
7:4 Y antes del
bautismo, el bautizado y el que bautiza debe ayunar previamente, y todos los
que puedan. Tu le ordenarás al que esta bautizando que ayune uno o dos días
antes.
CAPITULO 8
8:1 Pero no hagas que
tu ayuno sea con los hipócritas, porque ellos ayunan en el segundo y quinto día
de la semana. Mas bien, ayuna en el cuarto y sexto día.
8:2 No ores como los
hipócritas, sino como el Señor lo ha ordenado en Su
evangelio, ora así: Padre Nuestro que estás en los
Cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros Tu
reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el
cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona
nuestras deudas como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores. No nos dejes caer en tentación y
líbranos del mal. Tuya es la gloria y el
poder por siempre.
8:3 Tres veces al día
reza de esta manera.
CAPITULO 9
9:1 Referente a la
Eucaristía, da gracias de esta manera.
9:2 Te damos gracias,
Padre nuestro, por la santa viña de David Tu siervo, la que nos diste a conocer
a nosotros por medio de Jesús, Tu siervo. A Ti la gloria por los siglos.
9:3 Luego sobre el
trozo de pan: Te damos gracias, Padre nuestro,
por la vida y el conocimiento, que nos diste a conocer por medio de
Jesús Tu siervo. A Ti la gloria por los siglos.
9:4 Como este
fragmento estaba disperso sobre los montes, y reunido se hizo uno, así sea
reunida Tu Iglesia de los confines de la tierra en Tu reino. Porque Tuya es la gloria y el poder, por
Jesucristo, por siempre.
9:5 Que nadie coma ni
beba de vuestra comida de acción de gracias, sino los bautizados en el nombre
del Señor, pues sobre esto dijo el Señor: No deis lo que es santo a los
perros.
CAPITULO 10
10:1 Después de
saciaros, da gracias así:
10:2 Te damos gracias, Padre santo, por Tu santo
nombre que hiciste morar en nuestros corazones, y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad que nos has dado a
conocer por medio de Jesús, Tu Hijo, para El sea la gloria por siempre.
10:3 Tú, Señor
omnipotente, creaste todas las cosas por causa de tu nombre, y diste a los hombres alimento y
bebida para su disfrute, para que te
dieran gracias. Mas a nosotros nos hiciste el don de un alimento y una bebida espiritual y de la vida
eterna por medio de tu Hijo.
10:4 Por sobre todo,
te agradecemos que nos puedas salvar; para El sea la gloria por siempre.
10:5 Acuérdate, Señor,
de tu Iglesia, para librarla de todo mal y hacerla perfecta en tu caridad, y congrégala desde
los cuatro vientos, santificada, en Tu reino que le has preparado. Porque tuyo
es el poder y la gloria por los siglos.
10:6 Has que venga la
gracia, y deja que pase este mundo. Hosana al Hijo de David. Si alguien es
santo déjalo venir a la Eucaristía; si no lo es, déjalo que se arrepienta.
Amén.
10:7 A los profetas,
dejadles dar gracias cuanto quieran.
CAPITULO 11
11:1 Quienquiera que,
entonces, venga y te enseñe todas las cosas que se han dicho antes,
recíbelo.
11:2 Pero si el mismo
maestro, extraviado, os enseña otra doctrina para vuestra disgregación, no le
prestéis oído; si, en cambio, os
enseña para aumentar vuestra justicia y
conocimiento del Señor, recibidle como al mismo Señor.
11:3 Concerniente a
los apóstoles y profetas, actúa de acuerdo a la doctrina del Evangelio.
11:4 Deja que cada
apóstol que viene a ti sea recibido como al Señor.
11:5 El se quedará un
día, y si es necesario, dos, pero si se queda por tres días, él es un falso
profeta.
11:6 Cuando el apóstol
se vaya no tome nada consigo si no es
pan hasta su nuevo alojamiento. Si pide dinero, es un falso profeta.
11:7 Y no atentarás o
discutirás con ningún profeta que hable en el Espíritu, porque todos los
pecados serán perdonados, pero este pecado no será perdonado.
11:8 Con todo, no todo
el que habla en espíritu es profeta, sino el que tiene el modo de vida del
Señor. En efecto, por el modo de vida se
distinguirá el verdadero profeta del falso.
11:9 Y cada profeta
que ordene en el Espíritu que se tienda la mesa, no deberá comer de ella él
mismo, si lo hace, es un falso profeta;
11:10 y cada profeta
que enseñe la verdad, si no la practica, es un falso profeta;
11:11 y cada profeta,
probado como verdadero, y trabajando en el misterio visible de la Iglesia, pero
que no enseña a otros a hacer lo que el hace, no debe ser juzgado por ti,
porque tiene su juicio con Dios, porque así hicieron los profetas del
pasado.
11:12 Pero al que dice
en espíritu: Dame dinero, o cualquier otra cosa, no le prestéis oído. En cambio
si dice que se dé a otros necesitados, nadie lo juzgue.
CAPITULO 12
12:1 Todo el que viniere en nombre del Señor,
recibidle. Luego examinándole le conoceréis por su derecha y por su izquierda,
pues tenéis discernimiento, conocimiento de lo bueno y de lo malo.
12:2 Si la persona que
viene es un peregrino, asístelo en lo que puedas, pero no se debe quedar
contigo por más de dos o tres días, al menos haya una necesidad.
12:3 Si quiere
quedarse entre vosotros, teniendo un oficio, que trabaje para su sustento.
12:4 Si no tiene
oficio, proveed según prudencia, de modo
que no viva entre vosotros cristiano alguno ocioso.
12:5 Si no quiere
aceptar esto, se trata de un traficante de un traficante de Cristo. De ésos
mantente lejos.
CAPITULO 13
13:1 Todo auténtico
profeta que quiera morar de asiento entre vosotros es digno de su
sustento.
13:2 Igualmente, todo
auténtico maestro merece también, como el trabajador, su sustento.
13:3 Por tanto,
tomarás siempre las primicias de los frutos del lagar y de la era, de los
bueyes y de las ovejas, y las darás como primicias a los profetas, pues ellos
son vuestros sumos sacerdotes.
13:4 Pero si no hay
profetas, dalo a los pobres.
13:5 Si haces pan,
toma las primicias y dalas conforme al mandato.
13:6 Si abres una jarra de vino o de aceite, toma
las primicias y dalas a los profetas.
13:7 De tu dinero, de
tu vestido y de todas tus posesiones, toma las primicias, según te pareciere, y
dalas conforme al mandato.
CAPITULO 14
14:1 En el día del
Señor reunios y romped el pan y haced la Eucaristía, después de haber confesado
vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro.
14:2 Todo el que tenga
disensión con su compañero, no se junte con vosotros hasta que no se hayan
reconciliado, para que no sea profanado vuestro sacrificio.
14:3 Este es el
sacrificio del que dijo el Señor: “En todo lugar y tiempo se
me ofrece un sacrificio puro: porque yo soy el gran
Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las
naciones”
CAPITULO 15
15:1 Elegios obispos y
diáconos dignos del Señor. hombres
mansos, no amantes del dinero, sinceros y probados; porque también ellos os
sirven a vosotros en el ministerio de los profetas y maestros.
15:2 No los
despreciéis, ya que tienen entre vosotros el mismo honor que los profetas y
maestros
15:3 Repréndanse unos
a otros, no con ira sino pacíficamente, como lo manda el Evangelio; y, no dejes
que nadie hable a nadie que actúe desordenadamente referente al prójimo, ni le
dejes escuchar de ti hasta que se arrepienta.
15:4 Que tus oraciones y alma y todas tus obras hagan
como lo manda el Evangelio de nuestro Señor.
CAPITULO 16
16:1 Vigilad sobre
vuestra vida. No se apaguen vuestras linternas, y no dejen de estar ceñidos
vuestros lomos, sino estad preparados, pues no sabéis la hora en que vendrá
nuestro Señor.
16:2 Reunios con
frecuencia, buscando lo que conviene a vuestras almas, pues de nada os servirá
todo el tiempo en que habéis creído si no consumáis vuestra perfección en el
último momento.
16:3 En los últimos
días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se
convertirán en lobos, y el amor se convertirá en odio.
16:4 En efecto, al
crecer la iniquidad, los hombres se odiarán entre si, y se perseguirán y se
traicionarán: entonces aparecerá el extraviador del mundo, como hijo de Dios, y
hará señales y prodigios, y la tierra será entregada en sus manos, y cometerá
iniquidades como no se han cometido desde siglos.
16:5 Entonces la creación de los hombres entrará
en la conflagración de la prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero
los que perseveren en su fe serán salvados por el mismo que había sido
maldecido.
16:6 Entonces
aparecerán las señales auténticas: en primer lugar el signo de la abertura del
cielo, luego el del sonido de trompeta, en tercer lugar, la resurrección de los muertos.
16:7 Como está dicho: “Vendrá el Señor y todos los
santos con El (Zac 14, 5).
16:8 Entonces el mundo
verá al Señor viniendo de entre las nubes del cielo. |