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Koinonía
Se trata del sexto sistema del plan total de la evangelización.
Cuando se vive en Koinonía, es cuando aparece
visible la Iglesia.
Koinonía es comunión
de personas, comunión eclesial, común unidad entre los miembros de la Iglesia y
de Dios. Koinonía es la vida propia de la Iglesia, trabajando en obediencia a
Jesucristo, aquí y ahora, actuando en la historia por medio de la Espíritu
Santo.
Koinonía es sinónimo
de: "eiréne", "symphonía", "homopsychía",
"homónoia"... Y como comunión tiene los sigificados de: "pax", "unanimitas",
"concordia", "unitas"...
Cuando se vive en
Koinonía, es cuando aparece visible la Iglesia. Dice la Palabra que cuando vino
el Espíritu Santo "estaban todos unánimes juntos"(Hechos 2:1).
Precisamente el Espíritu Santo actúa cuando no se le pone obstáculo:
"Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene
lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para
edificación." (1 Cor.14:26).
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Koinonía es estar en
comunión unos con otros, formando el cuerpo de Cristo en su Iglesia. La Iglesia
no existe para deliberar, cuestionar y debatir, sino para vivir la Palabra que
le ha sido dada. La palabra koinonía, es eso precisamente, vivir en comunión.
La estructura de la iglesia se identifica por la "comunión", es decir
por la común unidad como cuerpo de Cristo y pueblo de Dios.
La palabra comunión,
en el sentido de Koinonía, se refiere al sentido eucarístico de la Iglesia, al
encuentro entre Jesús y los hombres, en el acto de entregar su vida por
nosotros. Pablo nos dice: "El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es la
comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es la comunión del
cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos
participamos de ese único pan" (1Cor. 10:16-17).
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Comulgar con Cristo
es, por su misma esencia, comulgar unos con otros. Ya no somos los unos junto a
los otros, cada uno por si mismo; sino que cada uno de los otros que comulgan
es para mí, por decirlo así, "hueso de mis huesos y carne de mi
carne" (Gn 2,23).
Por lo tanto, Koinonía
tiene un carácter social, en la cotidianidad de la vida. La Iglesia no nace
como una simple federación de comunidades. Nace a partir del único pan, del
único Señor; y a partir de él es desde el inicio y en todas partes una y única,
el único cuerpo, que deriva de un único pan.
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Koinonía es comunión
de sangre con Jesucristo, donde sangre, según la concepción judía, equivale a
"vida" y, por consiguiente, se afirma una compenetración de la vida
de Cristo con la nuestra. Evidentemente "sangre", en el contexto de
la Eucaristía, equivale también a don, a existencia que, por decirlo así, se
entrega, se da por nosotros ya nosotros.
Así, la comunión de
sangre es también inserción en la dinámica de esta vida, de esta "sangre
derramada": dinamización de nuestra existencia, gracias a la cual puede
convertirse en un ser para los otros, como podemos verlo con evidencia ante nosotros
en el corazón abierto de Cristo.
Textos como 1Cor
6:17-55; Ef. 5:26-32). El "pan" es el nuevo maná, que Dios nos da. Es
para todos el único y el mismo Cristo. Verdaderamente el único e idéntico Señor
es a quien recibimos en la Eucaristía; o mejor, él es el que nos acoge y nos
asume en sí.
San Agustín expresó lo
que percibió en una especie de visión: "Come el pan de los fuertes; no me
transformarás en ti, sino que yo te transformaré en mí". No somos nosotros
los que asimilamos el pan, sino que es él el que nos asimila a a nosotros.
Por eso,llegamos a configurarnos a Cristo, como dice Pablo. Nos hacemos miembros de su cuerpo.
Todos somos arrancados de nuestra individualidad cerrada e insertados en una más grande: su cuerpo, que es la Iglesia, en la cual, unidos entre nosotros, hechos idénticos, nos convertimos en miembros los unos de los otros.
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La Iglesia es una, no
por un gobierno centralista, ni tampoco se divide por un gobierno federalista.
La unidad la proporciona Cristo, unidad que no es simple unidad humana. Por
eso, nuestra vida entregada totalmente a Cristo, nos lleva a servirle en el
mundo: tenía hambre y me disteis de comer, tenía sed y me disteis de beber;
estaba desnudo y me vestisteis; estaba enfermo y me visitasteis; en la cárcel,
y vinisteis a verme (Mt. 25:35-36).
El Verbo hecho carne, es un don de una
"koinonia", comunión, con el Padre y su Hijo Jesucristo (1Jn 1:37).
Se trata de una verdadera comunión con el Dios vivo para tener vida: "el
Verbo de vida"
Es una comunión
recíproca: "Si andamos en la luz, como él está en la luz, entonces estamos
en comunión unos con otros" (1 Jn 1,7).
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La comunión con Jesús
se convierte en comunión con Dios mismo, comunión con la luz y con el amor; se
transforma así en vida recta, y todo esto nos une los unos a los otros en la
verdad. Sólo si consideramos la comunión con esta profundidad y amplitud
tenemos algo que decir al mundo.
El final de todo el
proceso es la Koinonía.
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